SABES LO QUE COMES

¿Sabes lo que comes? Vivimos en el mundo de la información. A diario nos bombardean con noticias sobre qué debemos comer, qué dieta es la mejor o qué estilo de vida es más saludable. Pero realmente, ¿eres consciente de lo que comes? Comer no es simplemente cargar tu cuerpo con productos, ya sean buenos o malos, comer es nutrirse, es darle a tu cuerpo lo que realmente necesita para funcionar cada día.

Todos somos merecedores de la información, pero hay que saberla completa y no sólo una parte. Por ejemplo, ¿sabes lo que es una “grasa trans o hidrogenada”? Rodeados de gran polémica llegan a nosotros noticias sobre las grasas, pero ¿sabemos realmente qué es una grasa?, ¿cuáles son las que necesitamos?, y lo más importante ¿en qué cantidad?

 

Comencemos con lo más importante y hagámoslo de una forma sencilla. Nuestro cuerpo necesita grasa. Ellas son parte fundamental del crecimiento y desarrollo. Son fuente de energía y forman parte de las estructuras de nuestras células. Transportan vitaminas y forman hormonas. Dentro de estas grasas tenemos las grasas o aceites esenciales o insaturados, denominados así porque nuestro cuerpo no es capaz de producirlas, y las grasas saturadas, que nuestro cuerpo si es capaz de fabricar. De ahí la necesidad de controlar la cantidad de grasa que ingerimos. Llegados a este punto, podemos entender mejor que son las “grasas trans o hidrogenadas”.

Estas son un tipo de grasas fabricadas por el hombre y que usualmente se encuentran en los alimentos procesados tales como galletas, tortas, bollerías, galletas saladas, refrigerios y alimentos congelados, y también en las comidas fritas. Existe una evidencia científica de que consumir de forma excesiva alimentos que lleven grasas parcial o totalmente hidrogenadas se relaciona con un aumento de la tasas de colesterol y triglicéridos plasmáticos, lo que contribuye en parte a la aparición y desarrollo de enfermedades vasculares, como la hipercolesterolemia, la hipertrigliceridemia y la arteriosclerosis. De este tipo de grasa se debería consumir 0 gramos al día. La Asociación Cardiaca Estadounidense recomienda que no más de un 1 % de su total de calorías diarias provengan de grasas trans.

Dentro de estas “grasas hidrogenadas”, la más utilizada es el Aceite de Palma. Es el segundo tipo de aceite con mayor volumen de producción después del Aceite de Soja. El aceite de palma es saturado hasta en un 50%, su composición en promedio es: 40-48% ácidos grasos saturados (principalmente palmítico), 37-46% ácidos grasos monoinsaturados (principalmente oleico), 10% ácidos grasos poliinsaturados. Una vez hidrogenado estas proporciones se pierden, ya que el proceso químico transforma los aceites en grasas sólidas. Convirtiendo un aceite rico en nutrientes en un tóxico para nuestro cuerpo.

El aceite crudo de palma es una rica fuente de vitamina A y de vitamina E. Es utilizado para prevenir la deficiencia de vitamina A y para el tratamiento de la malaria, de la presión arterial alta y de la intoxicación por cianuro (aunque no existen suficientes estudios que avalen esto último). Cierto es también, que su producción y explotación a gran escala han producido un gran impacto ambiental, con la pérdida de hábitats naturales y la deforestación. De ahí la importancia de hacer un consumo responsable comprando aceites y productos de producción ecológica y sostenible.

Importante es también conocer el uso que les damos / o se les suelen dar a los aceites. Preocupados por llevar una dieta sana y tomar las grasas adecuadas, nos olvidamos con frecuencia de cómo deben tomarse cada una de ellas para aprovechar más y mejor sus propiedades. En concreto, en los aceites vegetales, sobre todo aceites de oliva o procedentes de semillas (lino, cáñamo, sésamo, etc…), es importante saber que la mejor forma de consumirlos es siempre en crudo. Ya que al dar calor (cocción en el horno o para freír) se oxidan y se transforman en “grasas trans”. Sin embargo, aceites como el de coco o el de palma, aceptan mucho mejor las temperaturas altas (al ser grasas saturadas) y no resultan tan perjudiciales (siempre y cuando no sean transformadas e hidrogenadas).

Si te preocupa consumir en exceso grasas saturadas, debes saber los alimentos que contienen grasas saturadas: Productos lácteos con alto contenido de grasa, como queso, crema, helados, leche entera, leche con 2% de grasa y crema agria. Carnes con alto contenido de grasa como carne molida, mortadela, salchicha, salchichón, tocino y costillas de cerdo. Manteca. Mantequilla. Panceta y cerdo salado. Salsas cremosas. Salsas hechas con grasa de carne. Chocolate. Aceite de palma y aceite de nuez de palma. Coco y aceite de coco. Piel de aves de corral (pollo y pavo).

Y sobre todo no podemos olvidar, que son muchas las áreas del planeta que son deforestadas y son muchos los hábitats que se pierden en el mundo para cultivar cereales o legumbres transgénicas para alimentar ganados y producir alimentos. Los que somos amantes de la naturaleza, amantes del medio ambiente, amantes de los animales y en general amantes de todos los seres sintientes, tenemos claro que haremos un consumo responsable y sostenible, apoyando producciones ecológicas y de comercio justo. Y tratando cada cosa por su “nombre” de verdad y no por el “nombre” que quieran vendernos.

 

  

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